jueves, 7 de julio de 2011

Los Minotauros

Nombre del Capítulo: Minotauros
Fundación: Sin confirmar; se cree que puede ser la 21ª Fundación [también conocida como la Fundación Maldita, M36]
Mundo natal: Basado en una flota.
Fortaleza-Monasterio: La Nave-Reliquia “Daedelos Krata”.
Semilla genética (predecesor): Desconocido/Clasificado.
Descendentes conocidos: Ninguno.

“La bestia, la bestia de bronce en la oscuridad, pisadas, nunca se cansó, ¡siguió acercándose! No tuvimos ni una oportunidad… allí donde fuéramos no podíamos escapar, ¡no podíamos escapar!” Testimonio de Hedrith Blaine, único superviviente de Jurah-17, colonia minera, Larsha Tertius.

Los Minotauros son un Capítulo de Marines Espaciales con una reputación brutal en todo el Imperio y que largo tiempo han tenido que sufrir la sospecha y acritud de otros Capítulos de Marines Espaciales. Incluso hay quien, desde el Ordo Hereticus, piensa que mantienen unos lazos desconocidos con los Altos Señores de Terra que encuentran inquietantes, cuando menos.

Se puede rastrear con certeza gran parte de la historia de los Minotauros de los últimos miles de años a través de una miríada de informes de guerra y archivos de batalla de todo el Imperio, pero su historia más remota no es que simplemente se haya perdido, sino que ha sido deliberadamente oscurecida y sellada bajo edictos que ni siquiera un Inquisidor puede abrir o sortear fácilmente. No se rebate que un Capítulo con el nombre de “Minotauros” fue creado en la 21ª Fundación, pero lo que ya no está tan claro es si se trata del mismo Capítulo que, bajo ese nombre, tomó parte en la sofocación de la Herejía de Macharius de las primeras décadas del M41 (y el mismo Capítulo que luego desempeñaría un papel tan crucial como sangriento en la Guerra de Badab).

Los Minotauros de la 21ª Fundación se labraron rápidamente una reputación de fiereza y furia inigualables. En el campo de batalla, sus Marines Espaciales se abstenían de cualquier tipo de combate que no les permitiera llegar a trabarse con el enemigo tan rápido como fuera posible. Esta fuerza tan altamente independiente, casi rozando el fanatismo, era conocida por su capacidad de responder rápidamente a las llamadas de ayuda de mundos imperiales invadidos o bajo asedio, pero también era famosa por rehusar formar parte de cualquier plan estratégico más amplio.

Habitualmente su presencia en el campo de batalla venía anunciada por el comienzo de un asalto masivo sobre su objetivo elegido sin preámbulos o ni siquiera un reconocimiento, arrojándose contra el enemigo sin preocuparse por las pérdidas o el coste. Una vez agotada su furia, los Minotauros se retiraban tan rápidamente como habían llegado, mientras que en la misma situación táctica, de otro Capítulo más convencional se esperaría que consolidara la posición o se preparara para un contraataque.

Aunque los asaltos de los Minotauros habitualmente no dejaban más que un enemigo aplastado y desorientado, los comandantes imperiales y otros Capítulos de Marines Espaciales encontraban a los Minotauros demasiado impredecibles y una fuerza en la que poco se podía confiar, prefiriendo aliados con un carácter más estable. Con el tiempo, su tendencia a despreciar el mando de otros y su inconstante diezmo de semilla genética al Magos Invigila, junto con las diversas maldiciones que parecían afligir a otros Capítulos de su misma Fundación, levantaron las más oscuras sospechas sobre la naturaleza de los Minotauros y los secretos que podían estar escondiendo.

En los registros fragmentarios que se conservan a día de hoy, la semilla genética del Capítulo aparece etiquetada como “Quimérica”. Esto, blasfemo como puede parecer ahora, puede indicar que sus fuentes procedían de una fuente prohibida, mezclada, adulterada o alterada genéticamente de alguna forma durante su creación. Es sabido que se llevó a cabo algún tipo de experimentación secreta de este tipo con algunos vástagos de la 21ª Fundación, y algunas anotaciones revelan que los Minotauros podrían estar entre aquellos que fueron modificados de una u otra manera.

El desastre por la arrogancia de los Magos Biologis de la época quedó patente con la ruina de muchos de los Capítulos nacidos en la 21ª Fundación, que sucumbieron a daños psicológicos o lo que es peor, monstruosas alteraciones genéticas, que condujeron a su disolución o destrucción en los milenios siguientes. Se cree que la furia apenas controlada de los Minotauros y su deseo de rehuir a aquéllos que deberían haber llamado camaradas era el resultado de una particular maldición de su sangre, aunque se desconoce si esta aflicción les dominó o si fueron ellos quienes la dominaron. Sea como sea, desde mediados del M38 en adelante, los Minotauros desaparecieron de los registros imperiales y sus logros y honores de batalla fueron borrados por una serie de edictos y purgas de datos.

Cuando los Minotauros volvieron a aparecer de nuevo por primera vez milenios después, durante la supresión de la Herejía de Macharius, eran un Capítulo a la vez familiar por su reputación y profundamente cambiado. Equipados con los máximos estándares a los que puede aspirar un Capítulo de Marines Espaciales, lucharon como una fuerza integrada y altamente flexible, basados en una poderosa flota capitular compuesta por más de una docena de cruceros de ataque.

No menos brutales que lo que sugería su antigua reputación, lucharon en lo que de todos modos se consideró una forma más considerada y controlada que lo que narraban los relatos de antaño del Imperio. En primer lugar desplegaron una vanguardia para atraer a sus enemigos al combate; entonces desplegaron unidades rápidas para rodearles y asegurarse de que no habría escapatoria antes de liberar sobre ellos toda la potencia de fuego y unidades acorazadas del Capítulo para aplastar al enemigo sin piedad.

Los Minotauros todavía eran muy autónomos e iban donde deseaban, pero parecían más propicios a operar dentro de una estructura de mando de la maquinaria de guerra imperial en mucha mayor medida de lo que sugería la distante historia del Capítulo. Tanto durante la Herejía de Macharius como en varias ocasiones posteriores desde entonces han respondido rápidamente y sin preguntar a una llamada a las armas de los Altos Señores, incluso cuando ha sido para emprender acciones punitivas, aprehender o incluso destruir Marines Espaciales renegados o sobre quienes penden sospechas de ello.

Esto les ha granjeado una reputación siniestra entre otros Capítulos, y de hecho los Ultramarines y sus Capítulos sucesores son conocidos por guardar un gran resentimiento contra los Minotauros y por no haber vuelto a luchar junto a ellos tras la casi exterminación del Capítulo de los Originadores en Euxcine.

Desde su regreso a la actividad pública, algunos estudiosos del Collegium Munitorum que han estudiado las acciones del Capítulo han advertido notorias discrepancias entre el actual Capítulo de los Minotauros y el del pasado, tanto en términos de estructura y comportamiento como en minucias, como la heráldica. Todas las posibles conclusiones no son más que especulaciones, así como las relativas al origen de la semilla genética, cuyos diezmos son registrados, pero permanecen bajo clasificación del más alto nivel.

Algunos comandantes imperiales que han tenido contacto cercano con el Capítulo desde su reaparición han dicho de ellos que los consideran unos guerreros melancólicos y malignos, lejos de ser un epítome de honor y rectitud, y los Marines Espaciales del Capítulo como individuos que irradian un aura de resentimiento y malicia a duras penas contenidas, provocando miedo y aprensión en todos menos en los de corazón más duro. Hay quien ha ido más lejos, apuntando una veta de locura en los Minotauros, y describen las defensas y medidas de seguridad que adoptan, incluso cuando combaten junto a supuestos aliados, como obsesivas, rayando lo paranoico. Dados sus muchos enemigos tanto dentro como fuera del orden de batalla del Imperio, quizá esto no sea tan sorprendente.

Como Capítulo, los Minotauros parecen mostrar muy poco respeto por nada o nadie, salvo el Dios Emperador y los Altos Señores, hacia quienes profesan una lealtad fanática e indubitada, pero muestran odio a raudales por todo lo demás. En sus tratos con comandantes imperiales o con otros Capítulos de Marines Espaciales, no han mostrado el más mínimo aprecio por el civismo o la deferencia, pero se advierte una cierta complacencia en contrastar sus habilidades contra las de enemigos que valgan la pena, y quizá consideran a sus compañeros Astartes como especialmente dignos. Éste fue particularmente el caso de un incidente bien conocido antes del decimocuarto asedio de Antígonis, cuando un Capitán de los Minotauros provocó deliberadamente un combate singular entre él y un Capitán del Capítulo Génesis al insultar a Marneus Calgar y a aquéllos que le “adulaban servilmente”.

Las relaciones entre ambos Capítulos se deterioraron con rapidez, y el conflicto sangriento entre ellos tan sólo se evitó por la llegada de una oleada de asalto fresca de Orkos el Imperio Octariano, que obligó a luchar con denuedo nuevamente en el frente. Dada lo que parece una predilección por probarse a sí mismos contra sus compañeros Marines Espaciales, no resulta entonces sorprendente que los Minotauros hicieran su aparición en la Guerra de Badab en respuesta a la petición de ayuda del Legado Inquisitorial Frain.

Los Garras Astrales y otros Capítulos secesionistas eran en realidad dignos rivales y, aunque las victorias de los Minotauros durante el conflicto, especialmente la laureada derrota de los Lamentadores en Óptera, tuvieron gran relevancia en el balance de la Guerra de Badab, estos triunfos poco han hecho para mejorar la reputación del Capítulo.

ORGANIZACIÓN

En términos organizativos, los Minotauros siguen el Codex Astartes tanto en estructura como en escuadras, pero difieren de manera significativa a nivel táctico en cuanto su enfoque general de la guerra. El Capítulo prefiere actuar en conjunto, o por lo menos en cuantas menores divisiones sea posible en cualquier teatro de guerra, concentrando, y por tanto maximizando, su poder destructivo. Ésta es una estrategia que ha permitido a los Minotauros destacar en el asedio y en el combate contra rivales monstruosos, a los cuales pueden superar por el mero peso de los números si fuera preciso.

A diferencia de la mayor parte de Capítulos de Marines Espaciales, las tácticas clave de los Minotauros dependen en parte del uso de un mayor desgaste en un área de combate concreta, y los comandantes del Capítulo se despreocupan quizá un poco más de la suerte de sus Hermanos de Batalla considerados individualmente, mientras se obtenga la victoria. Junto con su capacidad de sacrificar su propia carne y su propia sangre para asegurar la consecución de sus objetivos, los Minotauros ven reforzado su patrón de combate por dos factores significativos.

El primero es su excelente suministro de armas pesadas y maquinaria de guerra, y el segundo y quizá más importante es su notorio flujo de nuevos Hermanos de Batalla para reemplazar las pérdidas. La fuente exacta de su material de guerra permanece sin confirmar, pero se les ha visto operar con un amplio arsenal de tanques y armamento pesado (lo cual permite a las Compañías de Batalla del Capítulo hacer un uso extensivo de Vindicators y Predators como vehículos de apoyo táctico), mientras que los Hermanos de Batalla de los Minotauros han mostrado tener un amplio acceso a las avanzadas servoarmaduras Mk.VIII y habitualmente pueden desplegar a gran parte de su Primera Compañía como Exterminadores.

Los informes inquisitoriales que han sido llevados a cabo sobre los Minotauros tras su papel en la defensa de Antígonis indicaban que la velocidad de transición entre Neófito, Explorador e Iniciado pleno en el Capítulo era breve comparada con la de otros muchos Capítulos. Esto se explicó por la evidencia del uso de niveles extremadamente elevados de psicoindoctrinación y cirugía neurocerebral en el Capítulo.

Este programa aceleraba la progresión de los reclutas y continuaba durante el despliegue como tratamientos continuos pare reforzar el condicionamiento mental, administrados por los Apotecarios del Capítulo. Estas técnicas, si bien no son heréticas en sí mismas ni se encuentran prohibidas a este nivel de uso, son muchísimo más invasivas y conllevan un riesgo mucho mayor de causar daños físicos y psíquicos al sujeto que aquéllas llevadas a cabo por la mayor parte de los Capítulos de Marines Espaciales.

Por estas razones, si acaso no existen otras, estas técnicas raramente son empleadas, pues la mayor parte de los Capítulos consideran que el entrenamiento estudiado y la erudición sobre el campo de batalla de sus reclutas tienen una significación casi sagrada para ocupar su lugar al servicio del Capítulo, además de desempeñar un papel clave en templar el alma del guerrero.

HONORES DE BATALLA MÁS NOTORIOS
La Supresión de la Herejía de Macharius y el Incidente Euxcino [alrededor de 053-077.M41]

Tras la muerte del General Solar Macharius, los grandes dominios que había conquistado para el Imperio cayeron en la guerra civil y la anarquía, y con los Capítulos de Marines Espaciales alzando sus espadas los unos contra los otros, los Altos Señores se vieron obligados a actuar con decisión. Llamaron a varias oleadas de Capítulos de Marines Espaciales de refresco para que tomaran parte en el conflicto civil y le pusieran fin exterminando las fuerzas heréticas y llevaran el orden a la región.

Uno de los Capítulos que operó bajo las directrices de los Altos Señores fue el de los Minotauros, un Capítulo que no había sido visto desde hacía milenios. Se trataba de un Capítulo basado en una flota, con pleno equipamiento y con todas sus fuerzas; los Minotauros lucharon como una fuerza cohesionada que golpeó como una serie de brutales hachazos a las fuentes del cisma y el desorden, labrándose rápidamente una sangrienta reputación al ejecutar las órdenes de los Altos Señores sin dudar ni desfallecer.

Durante la supresión, los Minotauros formaron la punta de lanza del grupo de combate que desbarató el pequeño imperio del Coronel rebelde Lyrias del Undécimo Cuerpo Acorazado de Khandu, haciendo que los Land Raiders del Capítulo volaran por los aires los famosos tanques de la elite khandusina, los “Inmortales”, en las llanuras heladas de Cyros Primus. También llevaron a cabo un Exterminatus en el mundo colmena de Duval y en los reinos de la espada del Racimo Esperanza.

Asimismo, en el planeta oceánico de Nereus, cazaron y exterminaron a los restos de la Cuarta Compañía del Capítulo de los Paladines Imperiales, quienes habían sido poseídos por unos xenos, en los laberintos de las ciudades caverna subacuáticas, envenenando los mares de este antaño vital mundo agrícola.

La acción en la cual los Minotauros se ganaron con mucho su peor reputación durante la Herejía de Macharius fue la práctica destrucción de dos Capítulos de Marines Espaciales que se habían trabado en conflicto. Estos Capítulos eran los Guerreros de Condenación y los Originadores. Antiguos aliados en la Cruzada de Macharius, llegaron a las manos por una cuestión de honor y se enzarzaron en un conflicto que se dilató en el tiempo y en el que lucharon bajo unas reglas de enfrentamiento predeterminadas en el Sistema Euxcino.

Cuando los dos Capítulos trabados en la lucha rehusaron atender las llamadas para poner fin al conflicto y ayudar a la pacificación, se envió a los Minotauros para separar a ambos y poner fin al conflicto.

Sin preocuparse por las causas o los derechos de los dos Capítulos, los Minotauros atacaron con la totalidad de sus fuerzas, pillando desprevenidos a los combatientes y diezmando a ambos Capítulos en su ataque inicial. Superados y dispersos, los Guerreros de Condenación abandonaron el sistema casi inmediatamente en una retirada apenas organizada; sin embargo, con la mayoría de sus naves destruidas o capturadas en órbita, los Originadores se encontraron atrapados en el Sistema Euxcino ante la ira de los Minotauros. Metódica y sistemáticamente, el venerable Capítulo de Segunda Fundación fue rodeado y lentamente despedazado hasta su destrucción, hasta que los últimos restos de Marines Espaciales Originadores supervivientes se vieron forzados a aceptar una humillante rendición.

Menos de un centenar de Hermanos de Batalla de los Originadores sobrevivió al Incidente Euxcino, mientras que los Minotauros arrebataron a los caídos numerosas reliquias para sus propias armerías y se apoderaron de la nave insignia del Capítulo, un transporte de asalto de los tiempos de la Gran Cruzada que había servido a los Originadores desde su fundación, como trofeo de guerra.

Que un Capítulo tan antiguo y venerado, descendiente directo de los Ultramarines, pudiera ser casi aniquilado de esta manera, y con el acuerdo tácito de los Altos Señores, llegó a estremecer a numerosos Capítulos de Marines Espaciales que oyeron hablar de ello. Los Minotauros fueron denunciados en Ultramar por sus atrocidades y se les prohibió entrar en sus dominios. Otros descendientes del linaje de Guilliman han jurado desde entonces venganza contra el Capítulo cuando surja la oportunidad y su honor se lo permita.

El asedio de Casaubon, la Defensa de Hermetica [760.M41]

La capital de Sector Chonma, en el Segmentum Solar, el vital mundo colmena de Hermetica, se vio bajo un asalto en masa por parte de una enorme horda mutante de millones de efectivos, dirigida por el Apóstol Oscuro Leyak el Devorador, de los Portadores de la Palabra, en 659.M41.

El ataque del Caos provino de una brecha en la Disformidad que se abrió en los límites del sistema y fue ejecutado por un pecio espacial de dimensiones colosales denominado “Paradoja de Pesadilla”. Aunque Hermetica se encontraba bien defendida, debido a lo repentino de la acometida y la escala del ataque del Caos, las defensas exteriores del sistema se vieron sobrepasadas muy pronto, y las colmenas transcontinentales de Hermetica se convirtieron al poco en campos de batalla en los cuales sus atribulados defensores lucharon desesperadamente contra la marea de horrores malditos que les asaltaron.

El Capítulo de los Minotauros fue la primera fuerza de fuera del Sistema en responder a las ahogadas llamadas de ayuda de Hermetica, y valiéndose del poder artillero de su flota para brindarse cobertura, aislaron a los invasores de la órbita y rápidamente asaltaron el principal bastión del Caos en el planeta en la Colmena Casaubon, el cual se encontraba en la Basílica de San Lehsor el Ancorita. El asalto de los Minotauros fue devastador e indiscriminado, y tras un intenso bombardeo de sus zonas de desembarco, entraron en tromba en las plazas y templos del distrito de la catedral, sin preocuparse por el coste, en columnas acorazadas. El avance de los Minotauros fue imparable, volando por los aires cualquier punto fuerte que encontraron a su paso y aplastando al enemigo junto con miles de civiles atrapados que huían de la matanza pero que no tenían dónde hacerlo.

En breve, el propio complejo catedralicio fue rodeado y bombardeado; su aguja de un kilómetro de alto, derribada en un fuego cruzado de turboláseres de las Cañoneras Thunderhawk de los Minotauros. En esta tormenta de escombros y ceniza, los Exterminadores y las Escuadras de Asalto del Capítulo atacaron para aniquilar a los supervivientes, dirigidos por el Señor del Capítulo, Asterion Moloc, quien encabezó el ataque. Abriéndose paso hasta las profundidades de las bóvedas de la Basílica, fue Asterion Moloc quien acabó con los guardaespaldas poseídos de Leyak e infligió una herida mortal a su monstruoso y encorvado señor. Pero antes de poder asestar el golpe definitivo al Apóstol Oscuro, éste escapó a la Disformidad gracias a sus artes oscuras.

La degenerada marea siguió luchando, pero sin liderazgo ni dirección, de modo que fue neutralizada y contenida hasta la llegada del 17º Grupo de Batalla Imperial y Regimientos de la Guardia Imperial de Necromunda, que purgaron el mundo de la mácula del Caos. Desviado de su curso por impactos de cañón nova, el pecio “Paradoja de Pesadilla”, ahora en silencio, permanece en una órbita de cuarentena en los límites exteriores del Sistema, a la espera de un examen detallado por parte de los Caballeros Grises y el Adeptus Mechanicus.

DISPOSICIÓN EN LA GUERRA DE BADAB

Los Minotauros llegaron para tomar parte en la Guerra de Badab en 907.M41, en respuesta al requerimiento directo del Legado Inquisitorial Frain de que más Marines Espaciales se unieran a la causa leal. Para ese entonces, el conflicto se encontraba en su cuarto año de guerra abierta entre Capítulos de Marines Espaciales, y los Minotauros comprometieron la totalidad de sus fuerzas en la guerra, un total de diez compañías y once navíos de línea de distintas clases. Aunque los Minotauros coordinaron sus esfuerzos con el mando leal, operaron de manera muy independiente en el sur de la Zona del Torbellino, atacando objetivos entre las Estrellas Pálidas y los bordes estelares de la Deriva Estelar Dene.

En estas batallas, la crueldad de la reputación del Capítulo de no dejar supervivientes entre quienes se les resistían creció rápidamente, y no tuvo parangón hasta la llegada de los salvajes Carcharodones a la causa leal. Los Minotauros obtuvieron sonadas victorias en este tiempo, destruyendo con eficiencia a las fuerzas secesionistas en Kyro y en los Mundos Cuervos, y fueron los Minotauros quienes finalmente tomaron el mundo de Vyaniah para los leales.

La tasa de muertos de su ataque sólo sería superada por la propia batalla final por Badab Primus. De todos modos, la acción por la cual su fama se extendería más allá del conflicto (a pesar de una deliberada supresión de los avances de la guerra por parte de la Inquisición) sería la absoluta derrota del Capítulo de los Lamentadores en una batalla naval de abordajes en el Sistema Optera en los últimos días de 908.M41.

Con la Barcaza del Capítulo de los Lamentadores seriamente dañada y habiendo sufrido el Capítulo secesionista gran número de bajas en la guerra, los Lamentadores se encontraban ampliamente superados y no les fue posible escapar cuando toda la fuerza del Capítulo de los Minotauros se vino sobre ellos. Los Lamentadores se vieron obligados a rendirse tras una cruenta batalla de diecisiete horas en la cual se llevaron a cabo acciones de abordaje y contra-abordaje, sufriendo ambos bandos unas bajas enormes.

Los Minotauros continuaron prestando servicio en la guerra a pesar de sufir importantes bajas, controlando el área meridional de la Zona del Torbellino para los leales durante el resto de la guerra. A medida que llegaron Capítulos de Marines Espaciales de refresco para continuar las etapas finales de la guerra, llevaron a cabo varias campañas punitivas contra antiguos mundos rebeldes, destruyendo puestos renegados y oponiéndose a las incursiones del Capítulo de los Ejecutores. En las últimas etapas de la guerra también fueron utilizados específicamente por sus renombradas habilidades en el arte del asedio.

Los Minotauros se retiraron de la Zona del Torbellino en 913.M41, tras la caída de Badab Primus, llevándose con ellos varias naves que habían pertenecido a los Lamentadores para reemplazar sus propias bajas. Los registros astropáticos señalan que el Capítulo se dirigía hacia el Segmentum Pacificus la última vez que fueron avistados, dirigiéndose hacia las guerras en curso en la franja occidental de la galaxia.

ANEXO

“Mi ilustre Señor:

Me temo que mis pesquisas encubiertas en el interior del Capítulo de los Minotauros tras su involucración en la reciente acción de Hermética han llegado a un punto literalmente muerto, el asesinato de mi agente Salco a manos desconocidas mientras intentaba recuperar informes de batalla clasificados de la Ciudadela de los Escribas.

Como sabéis, mis investigaciones oficiales han sido totalmente bloqueadas por el Comandante imperial local durante tiempo suficiente como para que las naves del Capítulo abandonen la órbita. De la sagacidad del Gobernador tan sólo colijo que tenía miedo. Más miedo de quienquiera que le hubiera ordenado bloquear mis acciones que de mi roseta inquisitorial. Una perspectiva inquietante, cuando menos.

Esto nos deja con poco más que la confirmación de que los informes de las investigaciones previas de la Inquisición y el Ministorum sobre los Minotauros fueron frenadas o desviadas al nivel más elevado, como s i acaso fuere necesaria mayor prueba. Dada la muerte de Salco, considero que el rastro se ha enfriado aquí y quizá ya no sea seguro para mí permanecer en este sitio. He enviado asimismo una copia de mi informe a un mensajero secundario en caso de posibles “incidentes”. Sigo siendo vuestro viejo camarada.

D.”

//Placa de datos encriptada, recuperada del naufragio del mercante “Orgullo de Júpiter”/023.769.M41//

Los Hijos de Medusa

Nombre del Capítulo: Hijos de Medusa
Fundación: No registrada; Capítulo ratificado por Edicto [011.M37]
Mundo natal: Basado en una flota [tres grupos de batalla principales independientes]
Fortaleza-Monasterio: Red de asteroides fortificados, Sistema Taelus [ver anexo]
Semilla genética (predecesor): Manos de Hierro.
Descendentes conocidos: Ninguno.
“Purgad a los débiles” Lema de los Hijos de Medusa.

Los Hijos de Medusa son un Capítulo con una historia de una eficiencia implacable en la persecución inmisericorde de los enemigos del Imperio. Descienden del linaje de los Manos de Hierro y comparten muchas de las predilecciones de sus antepasados, incluyendo la intolerancia por la debilidad de la carne y una confianza en el poder de la máquina que pocas veces se encuentra en los Capítulos de Marines Espaciales. El distinguido historial de honores de batalla del Capítulo, desde su participación en gran número de Cruzadas hasta su triunfante defensa de numerosos mundos imperiales de herejes y alienígenas enmascara un pasado oscuro que muchos adivinan, y una historia secreta y turbulenta de herejía y discordia.

Los orígenes del Capítulo se remontan al tiempo conocido en los anales imperiales como el Interregno de Nova Terra, que tuvo lugar a comienzos del M.35. Fue un período de división y guerra civil en el cual el Imperio se fracturó en facciones dispares y belicosas que dividieron a las Adeptas y enfrentaron a antiguos aliados los unos con los otros. Durante este período, no sólo sufrieron el cisma la gobernabilidad y religión del Imperio, sino que el Adeptus Mechanicus también se vio afligido por la división y la guerra interna por diferencias doctrinales y poderes en liza. Uno de los más amargos de estos conflictos fue el Cisma de Moiras, una batalla dogmática entre la Ortodoxia Marciana y un credo radical basado en los escritos proféticos de una tríada de tecnomísticos del pequeño mundo forja de Moiras.

El credo de Moiras se extendería como un incendio por los dominios del Mechanicus incluso después de que el mundo fuera reducido a cenizas por la flota de rectificación del Fabricador General. El credo disruptivo rápidamente ganó influencia, tanto dentro de las sectas del sacerdocio del Mechanicus como entre un cierto número de regimientos de Tecnoguardia y legiones de Titanes, causando un daño inaudito antes de llegar a los Capítulos de Marines Espaciales con lazos con el Adeptus Mechanicus; y en esto, los Manos de Hierro no fueron una excepción.

Las doctrinas de Moiras fueron acogidas rápidamente por un número significativo de miembros del Capítulo, encabezados por el infame místico del Omnissiah, el Padre de Hierro Setol Sollex. La discordia sobrevino rápidamente, y los Manos de Hierro estuvieron verdaderamente al borde de una guerra civil, algo que sólo pudo evitar la intervención del Consejo del Gran Clan de los Manos de Hierro, que impuso un acuerdo. La solución que se tomó para evitar un gran derramamiento de sangre fue notoriamente simple y dura: el exilio para la minoría que había abrazado la doctrina disidente, con un tratado que obligaba a ambas partes a no alzarse jamás en armas contra sus antiguos hermanos.

Se cree que hasta la tercera parte de los Manos de Hierro se escindieron, para unirse con el tiempo con otros Marines Espaciales procedentes de otros Capítulos sucesores de los Manos de Hierro que compartían sus creencias (aunque existen pruebas de que algunos, como los Garras Rojas, destruyeron sin piedad a sus hermanos errantes en lugar de permitirles sobrevivir). Esta facción exiliada todavía se veía a sí misma como parte del Imperio, todavía Manos de Hierro, y aunque reducidos a una irrisoria flota, comenzaron a buscar y destruir objetivos enemigos.

Con el tiempo, poco a poco comenzaron a crecer en número y fuerza, enviando su semilla genética a las autoridades imperiales y llevando a cabo su tarea como si todavía fueran parte de su antiguo Capítulo. Con el tiempo, la facción exiliada siguió usando la iconografía y patrones de los Manos de Hierro de donde habían sido expulsados, con alguna pequeña variación y se dividieron en tres nuevas Compañías de Clan para afianzar su inexorable crecimiento, y así llegaron a sobrevivir al cisma que les vio nacer.

Así continuaron las cosas hasta la llegada de la Era de la Redención. Durante este período, los resurgidos Altos Señores de Terra reunificaron los restos de la anarquía y purgaron todo aquello que no podía ser salvado en el Imperio. Los exiliados de Moiras de los Manos de Hierro, que ahora eran un Capítulo independiente en todo menos en el nombre, fueron examinados y juzgados, y sus registros analizados al detalle, así como su semilla genética, en busca de alguna traza de desviación o contaminación, y al final fueron declarados leales e inmaculados.

Mediante un singular edicto, los Hijos de Medusa fueron reorganizados y ratificados como Capítulo de los Adeptus Astartes bajo la gracia del Emperador, a pesar de las protestas de algunos miembros del Adeptus Mechanicus y de los importantes recelos de numerosos Capítulos de Marines Espaciales.

La primera campaña que los Hijos de Medusa llevaron a cabo tras su reconocimiento fue tomar parte en la Gran Selección: la destrucción sistemática de aquellos sobre los que el juicio del Imperio no había sido indulgente. Para demostrar su lealtad y despejar las dudas de sus detractores, los Hijos de Medusa tomaron sobre sí la tarea con celo y determinación implacable, superando incluso a su Capítulo progenitor en las rudas formas con que ejecutaron su labor.

Incluso después de haber finalizado la Gran Selección, las tres flotas del Capítulo de los Hijos de Medusa se demostraron infatigables en la persecución de los enemigos del Imperio, uniéndose a muchas grandes Cruzadas y estampando sus fuerzas contra el enemigo, sin importar lo desesperado de la situación, ganándose a regañadientes el respeto, si no la confianza, de sus compañeros Marines Espaciales con el trascurrir de los siglos. Su reputación se encuentra manchada por aquellos que llamarían a los Hijos de Medusa saqueadores y carroñeros de batalla.

Ello se debe a su tendencia de buscar y apropiarse de armas y tecnología de los caídos; un hábito aprendido durante los duros años de exilio. Los detractores de los Hijos de Medusa dicen de ellos que el deseo de recoger equipamiento sigue siendo un motivo subrepticio de sus acciones, y la razón principal por la que nunca han rehusado combatir contra los Capítulos de Marines Espaciales que han renegado de sus votos o que han sido censurados por las autoridades imperiales.

ORGANIZACIÓN

Siguiendo un patrón organizativo único, derivado en parte del Capítulo de los Manos de Hierro, los Hijos de Medusa difieren bastante del Codex Astartes en cuanto a estructura de mando, mientras que lo siguen a nivel táctico y de escuadras. En lugar de la división habitual en diez Compañías, el Capítulo se divide en tres Clanes de Guerra, cada uno de los cuales a su vez se divide en una Compañía de Batalla, una Compañía Táctica y una Compañía de Apoyo (siendo las dos primeras aproximadamente equivalentes a sus contrapartidas del Codex, mientras que la Compañía de Apoyo engloba una mezcla de escuadras de Devastadores, Asalto y Veteranos).

Además, en lugar de tener una Compañía completa de Exploradores, como dicta el Codex, cada uno de los Clanes de Guerra mantiene un cuerpo de reclutas e iniciados que es considerado como una fuerza auxiliar. Cuando se une todo, esta fuerza se asemeja a la noción de fuerza de un Capítulo en los términos sancionados en el Codex.

En la práctica, como en todos los Capítulos, las fuerzas reales de los Hijos de Medusa pueden variar enormemente en función de los niveles de desgaste en sus filas y el estado de su fuerza de Exploradores. Esta fuerza de Exploradores en particular puede variar de tamaño, pues los Hijos de Medusa son especialmente rudos con sus reclutas, no permitiéndoles el menor signo de debilidad o de fallo. Para ellos es preferible correr el riesgo de destruir un candidato apto que permitir la posibilidad de que un individuo con fallos pueda ingresar en las filas de los Hermanos de Batalla del Capítulo.

Para aquellos que no superan el juicio de sus señores y sobreviven, el futuro de una existencia sin mente como servidor en las forjas del Capítulo es lo mejor a lo que pueden aspirar.
Cada uno de los Clanes de Guerra de los Hijos de Medusa es regido por un Infanzón de Hierro, y cada Compañía está al mando de un Capitán, asistido en un rol subordinado por un Capellán, que actúa como señor de doctrina y disciplina. Los Infanzones de Hierro de los tres Clanes de Guerra actúan de manera concertada para controlar el Capítulo actuando como su Consejo, puesto que el Capítulo no tiene un único Señor desde el fallecimiento de Setol Sollex, hace milenios.

Este consejo de tres se encuentra asesorado por la sabiduría de los Ancianos: el conjunto de los Dreadnoughts Venerables del Capítulo. La amplia hermandad de Tecnomarines del Capítulo, conocida como la “Cámara Ferrum”, es más grande tanto en número como en autoridad dentro de los Hijos de Medusa que la fuerza de Tecnomarines que se puede encontrar en un Capítulo Codex estándar. La Cámara Ferrum permanece fuera de la estructura de los Clanes de Guerra, y su propósito es proporcionar sentido de conjunto y mantener unido al Capítulo, y son ellos quienes proveen de los vitales suministros de guerra para las dispersas fuerzas de asalto del Capítulo. La Cámara Ferrum además gestiona la disposición de la flota del Capítulo, e integra el Apotecarión del Capítulo y ostenta el mando de sus forjas e instalaciones.

A pesar de lo que puede parecer una estructura muy dividida, los Hijos de Medusa han desarrollado un alto grado de unidad de acción y coherencia como Capítulo, dominados por una confianza en la fría lógica y la búsqueda del arte de la destrucción hasta alcanzar una eficiencia perfecta. Como corresponde a unos herederos de los Manos de Hierro, el nivel de tecnología y armamento que usan los Hijos de Medusa es elevado, y sus armerías concretamente son amplias y variadas. Los buques forja del Capítulo son famosos por poder rescatar, reparar y producir una amplia variedad del equipo de combate de los Adeptus Astartes.

Se cree que esta capacidad tecnológica abarca la inusual capacidad de producir nuevos chasis de Dreadnought y construir algunos de los modelos menos habituales de Land Raider, como el Prometheus. Esto no evita que los Hijos de Medusa intenten activamente aumentar sus reservas, y sus Tecnomarines están bien versados en los ritos secretos del Omnissiah de puesta de nuevo en servicio y de tecnoexorcismos, lo cual hace que cualquier victoria contra un Capítulo renegado aumente el poder de los Hijos de Medusa.

En cuanto a su personalidad, los Hijos de Medusa deben mucho a sus antepasados, pues se muestran altamente intolerantes con la debilidad física o mental en los otros, y menos aún en ellos mismos. Esta obsesión se manifiesta de manera más notoria en su preferencia por altos niveles de reconstrucción biomecánica y cibernética en sus Hermanos de Batalla. Quienes han luchado con ellos también ponen de relieve sus frías maneras y sus respuestas apenas emocionales, pues parecen poco complacidos con el éxito y no buscan la gloria sino para probar su valía ante el Capítulo.

El fallo en los Hijos de Medusa es intolerable y las ofensas contra el honor del Capítulo, reales o imaginarias, son respondidas con una fuerza letal, mientras que las derrotas son vistas como sucesos que hay que corregir y vengar. Hacer cualquier otra cosa sería una debilidad, y la debilidad es la muerte.

HONORES DE BATALLA MÁS NOTORIOS

La Cruzada de Bellrath [182-453.M38]

En el año 182.M38, bajo los auspicios del Pretor Slayban Bellrath, un poderoso noble de la corte terrana que había alcanzado el puesto de Lord Militante, se decretó una poderosa cruzada para liberar y dominar el área de espacio designada como las Fisuras de Laanah, en las fronteras noroccidentales del Segmentum Pacificus, de las manos de alienígenas y herejes. Esta cruzada, una de las más grandes de su tipo en siglos, fue ejecutada por más de veinticinco millones de soldados reclutados para la Guardia Imperial y números desconocidos de peregrinos y adláteres.

La Cruzada fue reforzada por las fuerzas de dos Legiones de Titanes y ocho Capítulos de Marines Espaciales en distintos momentos, de los cuales uno de los más activos fue el de los Hijos de Medusa. Las Fisuras de Laanah eran una peligrosa área de espacio apenas cartografiada, gran parte de la cual había permanecido son contacto humano desde antes de la Era de los Conflictos, de modo que la Cruzada topó con una muy dura resistencia desde el principio.

Poco después de haberse internado en lo desconocido, el Capítulo de los Hijos de Medusa se trabó enseguida en combate con una especie xeno desconocida, tribus asquerosamente degeneradas en el vacío y pequeños imperios subhumanos que renegaban de la ascendencia del Emperador. En el plazo de cincuenta años la Cruzada empezó a flaquear, y fue entonces cuando los Hijos de Medusa obtuvieron su mayor victoria en la Cruzada, contra la retorcida raza alienígena denominada “Infernales” por las fuerzas imperiales.

Estas horribles criaturas antropoides contaban con una oscurantista armería capaz de inundar el vacío alrededor de sus mundos con fuego disforme y, aunque sus formas físicas eran decadentes y frágiles, marchaban a la batalla a lomos de aullantes monstruosidades biomecánicas cuyas afiladas pinzas podían penetrar el blindaje de un tanque con facilidad.

Con el avance de la Cruzada de Bellrath encaminado y los terribles xenos acosando a las fuerzas imperiales en retirada, el total de la fuerza de los Hijos de Medusa rodeó a las flotas de ataque alienígenas y ejecutó un peligroso contraataque, apareciendo tras las líneas de batalla alienígenas y golpeando como una lanza en el corazón de sus dominios en el sistema estelar de nombre clave “Espiral de Gusano”.

Utilizando la ciencia arcana de sus aliados Magos Exploratores, la flota del Capítulo había modificado las bobinas de disformidad de sus naves para ayudar a repeler el fuego disforme que envolvía la Espiral de Gusano, proporcionándoles un medio de defensa, aunque fuera temporal, de modo que les permitió atrapar a sus confiados enemigos tras sus cielos ardientes. Sabiendo que tenían poco tiempo, los Hijos de Medusa se lanzaron en un ataque directo empleando toda la fuerza unida de su Capítulo, mientras las llamas infernales acariciaban los escudos de vacío de sus naves mientras alcanzaban la órbita baja sobre el mundo trono de los Infernales, donde desataron mortales oleadas de cápsulas de desembarco, Thunderhawks y arietes de asalto sobre las ciudades alienígenas.

El ataque de los Hijos de Medusa fue tan imparable como despiadado; las torres de coral negro con forma de telaraña de los Infernales fueron derruidas y los templos decorados con osarios en nombre de dioses oscuros erigidos hacía milenios por manos inhumanas fueron derribados. Pillados por sorpresa por la velocidad y ferocidad del asalto, los Infernales, que tan poderosos eran por la Disformidad, ahora se encontraban indefensos como niños ante la tormenta.

Toda la resistencia que los alienígenas pudieron montar fue inmisericordemente aplastada, sus terribles forjadores de fuego aislados y derribados por salvas de cañones de asalto y sus poderosos mecanoides de combate abatidos por el martillo de trueno y el hacha de energía. Posteriormente se dijo que los Hijos de Medusa mataron y mataron, destruyendo metódica y fríamente a las criaturas, disparando hasta que se agotó el prometio de sus lanzallamas y los proyectiles de sus bolters. Y aun así siguieron matando, primero con cuchillos de combate y espadas sierra, y cando sus filos se embotaron, con cualquier cosa que pudieron encontrar.

Muchos Hermanos de Batalla se vieron obligados a pulverizar a sus enemigos con sus puños acorazados y a despedazar a las aullantes y aterrorizadas criaturas con sus manos desnudas. La matanza que desencadenaron pintó las ruinas de las ciudades-templo alienígenas con el pálido icor de los Infernales, y la mitad de su mundo se vio reducido a ruinas. Sólo entonces los Hijos de Medusa se retiraron.

Con la muerte de la Espiral de Gusano, los Hijos de Medusa habían desgarrado el corazón del enemigo, tanto militar como espiritualmente, y la resistencia de los Infernales contra la Cruzada se vino abajo, con su voluntad de combatir quebrada totalmente. En un puñado de años desaparecieron.

Una antaño orgullosa raza reducida a cenizas con unos pocos refugiados dispersos y huyendo en la profundidad del vacío para escapar de la ira de la humanidad. En el plazo de un siglo, una gran franja de las Fisuras de Laanah se encontraba bajo dominio imperial y los Hijos de Medusa entraron en la mitología de los nuevos habitantes del Sector, quienes se empezaron a referir a ellos entre susurros como “la Muerte Esmeralda” que caía del cielo para castigar a los enemigos del Emperador. Por su parte, el Capítulo mantiene algunos lazos con esta zona, por ser una de sus victorias más laureadas, conservando algún contacto esporádico con algunas facciones del Mechanicus que han construido bases en sus fronteras y manteniendo derechos de reclutamiento basados en la costumbre en varios de sus mundos como tributo por la fundación del Sector Laanah.

DISPOSICIÓN EN LA GUERRA DE BADAB

Los Hijos de Medusa se unieron a la causa leal en la Guerra de Badab en respuesta al requerimiento que hizo el Legado Inquisitorial Jarndyce Frain solicitando refuerzos de Marines Espaciales al declarar herética la Secesión. Su principal ayuda en la guerra fue castigar a los Garras Astrales y los otros Capítulos secesionistas quienes, a sus ojos, estaban reclamando la destrucción por sus pecados.

Los primeros cruceros y escuadrones de ataque de los Hijos de Medusa llegaron a primeros de 907.M41, junto con el resto de la fuerza leal. La fuerza combinada de los Hijos de Medusa comprendía la totalidad del Clan de Guerra Átropos, apoyados por elementos sacados de las armerías del Capítulo y de los Clanes de Guerra Megera y Láquesis, suponiendo un total equivalente a unas cinco o seis Compañías Codex, con una flota de seis cruceros de asalto, dos naves forja, una barcaza de batalla y catorce naves de escolta y ataque de diverso tipo.

El líder indiscutible de la fuerza de los Hijos de Medusa era el Infanzón de Hierro Vaylund Cal, del Clan de Guerra Átropos; aunque debía deferencia al Magister Militum, el Gran Comandante Carab Culln de los Escorpiones Rojos, en cuanto a despliegue estratégico y uso de su Capítulo, ningún Hijo de Medusa atendió las órdenes de nadie que no fuera su superior en el Capítulo.

De todos modos, el Gran Comandante Culln ya había luchado antes junto con los Hijos de Medusa, en la derrota del ¡Waaagh! Hendecráneos treinta años antes, y les conocía bien; además, los Escorpiones Rojos gozaban del respeto de los Hijos de Medusa como Capítulo. Su historia pasada ayudó considerablemente en las relaciones entre ambos, quienes de otra manera hubieran estado en discordia debido a sus caracteres tan dispares, de modo que el Gran Comandante Culln desplegó sabiamente el Capítulo donde su fuerza y tenacidad produjeran el mayor efecto.

Durante la primera fase de su involucración en la Guerra de Badab, los Hijos de Medusa recibieron la tarea de limpiar los baldíos post-atómicos de Cygnax de fuerzas secesionistas, y después la de dirigir las incursiones sobre Decábalus y Eshunna, ambos mundos exteriores del Sector de Badab. Además de estos honores de batalla, los Hijos de Medusa llevaron a cabo la famosa campaña de sometimiento contra el mundo rebelde de Galen. La mayor derrota singular del Capítulo sobrevino con la destrucción de su crucero de asalto “Males de Guerra”, que se perdió junto con toda su tripulación en batalla con el Capítulo de los Ejecutores cerca del Sistema Pena en 911.M41.

El resultado de esta batalla fue que los Salamandras y los Hijos de Medusa casi se enfrentaron acerca de la salida de los Ejecutores de la guerra. El último gran enfrentamiento de los Hijos de Medusa en la Guerra de Badab iba a ser el durísimo asalto a la fortaleza orbital de Centinela-Sigma, preparatorio del ataque final sobre Badab Primus. En esta brutal acción de abordaje el Capítulo luchó contra una tormenta de fuego junto con los Exorcistas para hacerse con el control de la vital fortaleza estelar, del tamaño de una ciudad.

Fue Vaylund Cal a la cabeza de los Exterminadores de los Átropos quien se abrió camino hasta las bóvedas de máquinas de la fortaleza estelar y quien cortó sus enganches de plasma de cinco metros de grosor para silenciar las baterías de armas de la estación, permitiendo por fin a los leales tener acceso libre para atacar la superficie de la estación. La conquista subsiguiente de Centinela-Sigma destrozó el sistema de “Anillo de Acero” de defensas de Badab y permitió que diera comienzo el asalto final sobre el propio Badab.

ANEXO: El Cisma de Moiras

Un grave conflicto doctrinal tuvo lugar en el seno del Culto Mechanicus en los primeros años del M.35. Este cisma, bautizado tomando el nombre del pequeño mundo forja de Moiras, en el límite noroeste del Segmentum Solar, fue uno de los más duros y extendidos que afligieron al Adeptus Mechanicus desde la Herejía de Horus. El cisma surgió durante la prolongada guerra civil del Interregno de Nova Terra, factor que permitió la rápida extensión de doctrinas radicales que tal vez hubieran sido rápidamente aplastadas en un período más estable de la historia imperial.

El tecnocredo de Moiras se basaba en los cálculos de olas proféticas de una tríada de tecnomísticos de un templo en el interior de los colosales generadores de datos de Moiras, quienes creían haber descubierto una serie de patrones de predicción dentro de las microfluctuaciones de la baliza del Astronomicón. Creían que estos patrones gemátricos contenían la palabra del Omnissiah-Dios Emperador, a través de la cual se podría desentramar la madeja de la historia futura y el destino de la humanidad.

Compilaron los frutos de sus adivinaciones apocalípticas en archivos encriptados, copias de los cuales rápidamente se extendieron por muchas sectas del Culto Mechanicus. Estas enseñanzas radicales incluían, entre otras cosas, visiones e interpretaciones de la voluntad del Emeperador, referencias veladas al derrocamiento de Marte y la fusión del Culto Mechanicus y la Eclesiarquía en un todo unificado.

Estas afirmaciones fueron tratadas (como cabía esperar) como sedición oscura por las autoridades del Mechanicus de Marte y la guerra civil pronto prendió entre elementos tradicionalistas y radicales. Una de las primeras bajas del conflicto fue el propio mundo forja de Moiras, arrasado hasta las cenizas por la flota marciana. Pero para ese entonces el credo del cisma ya se había extendido. El conflicto entre sus defensores, la Ortodoxia Marciana y otros grupos opositores radicales ardió intermitentemente a lo largo del milenio subsiguiente antes de que se pusiera definitivamente fin al cisma y sus partidarios supervivientes se plegaran al Culto Mechanicus.

Aunque los Hijos de Medusa nacieron como resultado del Cisma de Moiras, se desconoce cuánto de sus enseñanzas han sobrevivido más de cinco milenios después. Lo que se da por cierto es que muchas facciones del Adeptus Mechanicus todavía les miran con sospecha y que sus progenitores, los Manos de Hierro, les tratan con fría educación, en el mejor de los casos. Sin embargo, los Hijos de Medusa mantienen buenas relaciones con cierto número de sectas de Exploratores y han sido incansables en su defensa del Imperio, lo cual les ha reportado alabanza y honor en muchos campos de batalla.

Es necesario destacar, por último, que a finales del M.39, los Hijos de Medusa establecieron una serie de estaciones fortificadas en asteroides en el sistema minero abandonado de Taelus para que les sirviera como instalación permanente para su Capítulo, que tiene su base en una flota, construyendo armerías seguras, bancos de semilla genética y forjas en el interior de las masas ferrosas de los asteroides. El Sistema Taelus se encuentra a menos de un día de navegación disforme del mundo muerto de Moiras.

ANEXO: Los Clanes de Guerra de los Hijos de Medusa

Siguiendo un patrón similar al de sus antepasados, los Hijos de Medusa mantienen una estructura de Clan que se superpone a los patrones más tradicionales de organización de los Marines Espaciales que se pueden encontrar en el Codex Astartes. Donde los Manos de Hierro están formados por diez Clanes asociados con las ciudades-caravana nómadas de su mundo natal, los Hijos de Medusa mantienen tres Clanes de Guerra: Láquesis, Megera y Átropos, que fueron establecidos por su fundador Sollex durante el Cisma de Moiras.

La doctrina y jerarquía dentro de cada uno de estos clanes de guerra es muy independiente respecto de los demás, pero todos deben fidelidad a la estructura general de mando del Capítulo. Las insignias y heráldica de cada Clan de Guerra varían los unos de los otros; el Clan Megera emplea la forma más ortodoxa de la heráldica esmeralda y blanca del Capítulo; los Átropos incluyen más elementos de negro en su heráldica; y los Láquesis incorporan color plata. Más allá de estos signos visibles de diferenciación entre los Clanes de Guerra, cualquier variación dogmática o estratégica que exista entre ellos, así como la verdadera interacción o jerarquía dentro del Capítulo, sigue siendo impenetrable para los que no pertenecen a él.

Los Salamandras

Nombre del Capítulo: Los Salamandras
Fundación: 1ª (Legión numero XVIII)
Mundo natal: Nocturne
Fortaleza-Monasterio: Prometeo [base lunar]
Semilla genética (predecesor): Ninguna
Descendentes conocidos: (Ninguno confirmado: fuentes apócrifas infieren que tanto los Gigantes de las Tormentas como los Dragones Negros proceden del linaje genético de los Salamandras, aunque no ha sido corroborado).

“En el yunque de la guerra los fuertes son templados y los débiles perecen, así las almas de los hombres son probadas como el metal en el fuego de la forja”. El Primarca Vulkan.

El Capítulo de los Salamandras es una Legión de la 1ª Fundación y son hijos del Primarca Vulkan, de modo que tienen una rica y honorable historia, y una intachable reputación de encontrarse entre los más resueltos defensores de la Humanidad. Nacidos del fuego y la oscuridad en el letal mundo volcánico de Nocturne, hay pocos guerreros más devotos que ellos, incluso entre los Adeptus Astartes, y su inteligencia y artesanía es sólo comparable con su habilidad con las armas. Nocturne en sí mismo es una visión del infierno, un desolado paisaje volcánico envuelto en nubes de ceniza y sacudido por constantes terremotos debido a su cercanía con la estéril luna de Prometeo. Es increíble imaginar que pueda haber vida humana en la superficie de Nocturne, pero así ha sido desde antes del Imperio, y en esta tierra yerma y desolada es donde cayó el Primarca Vulkan.

Con la llegada del Emperador a Nocturne, el Primarca se reunió con su Legión, la cual, si bien nunca fue tan numerosa como otras, se labró rápidamente una reputación por sus obstinadas tácticas, equipamiento superior y honor inmaculado durante la Gran Cruzada. Cuando el horror de la Herejía de Horus sacudió los cimientos del Imperio, los Salamandras permanecieron leales y pagaron el precio por su incorruptibilidad en la tragedia de Istvaan V.

Junto con las Legiones de los Manos de Hierro y la Guardia del Cuervo, sufrieron la traición de sus Legiones hermanas, y experimentaron unas bajas demoledoras. Los Salamandras sobrevivieron a las guerras de la Herejía y lentamente reconstruyeron su fuerza, aunque fueron tantas las bajas que no necesitaron subdividir su Legión en Capítulos sucesores. En su lugar, los Hermanos de Batalla supervivientes fueron reorganizados por Vulkan, fiel defensor de las reformas de Guilliman en las Legiones de Marines Espaciales, en un patrón que han mantenido hasta el día de hoy. Vulkan también creó el Culto Prometeano del Capítulo, que armoniza sus doctrinas con los más profundos secretos.

Las características físicas de los Marines Espaciales de los Salamandras son chocantes, y se deben a una combinación de su semilla genética, la gravedad errática de Nocturne y su elevada radioactividad, junto con la singular genética de sus habitantes, que ha evolucionado para sobrevivir. Los Hermanos de Batalla de los Salamandras son de constitución robusta, incluso para los Marines Espaciales, y tienen una piel de un color negro como la obsidiana y unos ojos rojos como brasas. Esta apariencia demoníaca, aunque completamente superficial, es empleada como cualquier otra arma en el arsenal del Capítulo, y ha sido usada para aterrorizar e intimidar más de una rebelión sin necesidad de destruirla.

En los milenios que han transcurrido desde los siniestros tiempos de la Herejía de Horus, los Salamandras han luchado en guerras incontables, y así se han labrado una reputación sin par por su sabiduría y tenacidad en la batalla. Es justo decir de los Salamandras que no se enfadan rápidamente ni siembran la destrucción sin sopesarlo bien previamente, pero una vez han tomado la determinación de desencadenar su ira, ésta es tan imparable y terrible como la furia volcánica de su mundo natal.

ORGANIZACIÓN

Aunque los Salamandras siguen el espíritu de los dictados del Codex Astartes, su estructura y operatividad difiere sensiblemente de la norma. Las razones para esta desviación atienden en parte a la singular y ancestral naturaleza de la historia del Capítulo, así como a la influencia del Culto Prometeano y a su situación en Nocturne.

El Capítulo de los Salamandras está compuesto por una fuerza total de siete Compañías de batalla, cada una con una fuerza operativa nominal de ciento veinte Hermanos de Batalla, y una Subcompañía de Exploradores que sirve mientras realiza su entrenamiento. Cada una de estas siete Compañías representa simbólicamente los principales asentamientos santuario, los cuales son los que sirven como foco de reclutamiento para el Capítulo y como gobierno del planeta, influyendo con sus particulares características en las tradiciones del Capítulo.

Los fuertes vínculos entre los Salamandras y las gentes de Nocturne sirven para crear lazos de lealtad entre las filas de cada Compañía y conecta el Capítulo con el ciclo de la historia de Nocturne. Por la naturaleza de estas relaciones, también se incentiva un inevitable grado de rivalidad entre las Compañías, lo cual sirve para empujar a los Hermanos de Batalla de los Salamandras a mayores cotas de logros y gloria. Sin embargo, las tradiciones del Capítulo relativas al reclutamiento desafortunadamente ralentizan el ingreso de nuevos iniciados, problema acentuado por el hecho de que la población de Nocturne es relativamente escasa, aunque su gente, todos ellos endurecidos supervivientes, son de constitución fuerte, tanto física como psicológicamente, haciendo de ellos excelentes sujetos para su iniciación en el Capítulo.

Otra característica notoria de los Salamandras es su capacidad de desplegar armas y equipamiento de una calidad casi sin rival entre los demás Capítulos de Marines Espaciales. Estimulado por las enseñanzas del Culto Prometeano, el Capítulo es capaz de mantener, y lo más importante, crear sistemas de armas de calidad superior, como armaduras artesanales y de exterminador, sistemas avanzados de transmisión de energía, cuerpos de Dreadnought y armería personal de una calidad extraordinaria. Esta superioridad armamentística, junto con su determinación y confianza recíproca en sus Hermanos de Batalla es lo que ha permitido al Capítulo de los Salamandras desempeñar un papel prominente en los anales del Imperio, a pesar de su histórica limitación numérica.

Las doctrinas tácticas del Capítulo se centran en la aplicación de potencia de fuego a corta distancia, con lanzallamas y armas de fusión como elementos estándar. Esto, junto con el uso generalizado de martillos de trueno por parte de los exterminadores de asalto, permite al Capítulo actuar con una eficacia mortal contra defensas fortificadas, blindajes enemigos y enemigos monstruosos. Los Salamandras mantienen también un envidiable dispositivo de Land Raiders, Predators y Dreadnoughts en su arsenal, permitiéndoles dominar el campo de batalla en la mayoría de enfrentamientos, mientras que el uso de motocicletas y Land Speeders, si bien no es desconocido en el Capítulo, no es especialmente favorecido por las tácticas del Capítulo.

La primera Compañía del Capítulo, poderosa y formidablemente equipada, es conocida como “los Dracos de Fuego”, quienes son elegidos de entre los mayores guerreros de los Salamandras, y reciben ese nombre por los más mortíferos de los reptiles depredadores de Nocturne. La belicosa reputación de los Dracos de Fuego es legendaria, incluso entre otros Capítulos de Marines Espaciales, y los relatos de su poder y valor son conservados en distintas fuentes, desde las sagas heroicas de los Lobos Espaciales hasta los textos laberínticos de las Crónicas de Contienda en Tecnolengua de los Garras Rojas. Además de proporcionar al Capítulo una fuerza veterana de guerreros de elite, los Dracos de Fuego también sirven como guarnición de la fortaleza monasterio de los Salamandras en la luna gigante de Nocturne, Prometeo.

Esta estación de batalla, cuyos cimientos se hunden en la superficie de la luna, además de servir como armería del Capítulo, Apotecarión y custodia de reliquias, se dice que aloja en sus bóvedas más profundas forjas ocultas y talleres cuya sofisticación (aunque no su tamaño) se dice que rivalizan con cualquier otro salvo con los de Marte, sede del Adeptus Mechanicus.

HONORES DE BATALLA MÁS NOTORIOS
Los Fuegos de Phaistos Osiris [533.M39]

De entre todas las guerras que les han reportado gloria a través de los milenios, son las actuaciones de los Salamandras defendiendo este mundo cardenalicio de una matanza orka las que han sido empleadas en más ocasiones como un brillante ejemplo del papel de los Adeptus Astartes defendiendo el Imperio. La historia de esta gran batalla desde entonces se ha convertido en un mito y ha sido glosada una y otra vez tan pronto en tratados tácticos como en sermones en los púlpitos.

El mundo de Phaistos Osiris venía siendo desde antiguo un inusual faro de civilización humana y poder en el norte del Segmentum Ultima, ubicado al noroeste galáctico del vórtice de Disformidad conocido como la Tormenta de la Ira del Emperador. Este importante mundo cardenalicio era y sigue siendo la capital del Sector Osirano, y en él se ubican tanto la Basílica de San Toth el Intercesor como la principal Schola Progenium del Sector.

Por eso no es de extrañar que fuera el eje del poder espiritual y temporal en esta por lo demás desolada región. En 533.M39, un enorme ¡Waaagh! Orko bajo el mando del Kaudillo del Clan Mordisco de Víbora Rukrippa entró en rumbo de colisión con Phaistos Osiris, amenazando con sumir el Sector Osirano entero en una salvaje oscuridad. Cuando el gigantesco trío de pecios de Rukrippa fijó su curso hacia el Sistema Osiris tras haber saqueado una serie de puestos y mundos coloniales, se encontraron con la totalidad de la fuerza del Capítulo de los Salamandras esperándoles, y no se encontraban solos.

Estando sobre aviso ante el avance de los Orkos, el Capítulo se encontraba a la cabeza de un ejército de tropas disciplinadas reclutadas de entre los estudiantes de las Scholae imperiales y cientos de miles de una milicia de voluntarios peregrinos llevados a la locura por las exhortaciones del clero de la Basilica. Todos se encontraban prestos para la defensa de un mundo demasiado importante como para permitir que cayera en manos del enemigo, mucho menos para permitir que se malograran las vidas de miles de millones durante generaciones. Aun así, los defensores de Osiris hicieron frente a una perspectiva terrible, pues los Orkos, que se contaban por millones y se encontraban respaldados por rebaños de garrapatos de guerra, descendieron en sus Kápzulaz de Dezembarko de los pecios en órbita sobre el suelo sagrado del planeta.

Dirigiendo la resistencia, el Capítulo de los Salamandras había preparado una sutil y compleja defensa en profundidad, pensada para negarle los recursos del planeta al enemigo. Emplearon una política de tierra quemada; retirándose de las zonas exteriores del planeta, las cuales habían sembrado de múltiples trampas, amplios campos minados y emboscadas planeadas para quebrar y erosionar la fuerza de invasión antes de que pudieran organizar un asalto.

A aquellos civiles que no podían combatir, los ancianos, enfermos y niños, se les proporcionó refugio en las numerosas bóvedas de la Basílica y en los lugares sagrados de las ciudades templo Osiranas y así, con sus familiares protegidos en la retaguardia, la voluntad de la milicia de peregrinos para defenderles creció en determinación.

Cuando la innumerable horda orka, enfurecida por haber sido privada de la batalla a campo abierto, rompió contra las murallas de las ciudades templo como una rugiente marea asesina, los Salamandras parecían estar en todas partes, golpeando al enemigo con fuego y furia, manteniendo la línea de defensa allí donde flaqueaba y soportando la brutalidad inhumana con fuerza implacable.

Los sabios y determinados Salamandras emplearon la rabia homicida y la falta de disciplina de los Orkos contra ellos, acosándoles y dirigiéndoles a trampas en zonas de muerte elegidas por los Salamandras, quienes identificaron y acabaron con sus líderes, acabando con masas enteras de enemigos en la confusión resultante.

Con el primer gran asalto rechazado, no había caído ni una sola ciudad templo, aunque el precio pagado en vidas de los defensores había sido espantosamente elevado. Entonces dio comienzo la segunda fase del plan de los Salamandras.

Desde su posición oculta por la fase de eclipse del sol Osirano, la flota del Capítulo de los Salamandras, apoyada por escuadrones de ataque de la Flota de Combate Ultima, se trabó con los pecios de Rukrippa en un asalto relámpago. Los gigantescos pecios, incapaces de maniobrar para poner sus armas en posición contra los atacantes, fueron rápidamente rodeados por la flota y bombardeados sin remordimiento por salvas de torpedos y fuego de cañonería. Incluso la furia de esas armas fue incapaz de hacer poco más que quemar la superficie de los Pecios, tal era su tamaño y densidad. Pero bajo la cobertura del bombardeo, escuadras de exterminadores Dracos de Fuego llevaron a cabo ataques teleportados, colocando cargas sísmicas a un kilómetro de profundidad en las entrañas de los pecios.

Destruidos desde el interior por las explosiones atómicas, los Pecios se quebraron lentamente y empezaron a desintegrarse, con miles de toneladas de roca y metal dispersándose en el vacío y explosiones secundarias brillando cual relámpagos entre los restos.

En la superficie de Phaistos Osiris los cielos se sacudieron con tormentas repentinas y sufrieron una lluvia de fuego y chatarra. Los Orkos, casi todos pertenecientes al supersticioso Clan Mordisco de Víbora, se dividieron en facciones acerca de lo que podía significar ese mal presagio de Gorko (o posiblemente Morko) por su enfado ante su fallo a la hora de tomar las ciudades templo, y pronto empezaron a luchar entre ellos.

Rukrippa se vio obligado a hacerse cargo del asunto, reunió todo su ejército y, como si fuera un puño cerrado, golpeó con él Sanctis, la más grande de las ciudades templo, jurando ante sus Nobles y su Chamán Eztrambótiko que la aplastaría o moriría en el intento. Ni siquiera los fanáticos defensores de la ciudad pudieron repeler la matanza cuando las líneas de Garrapatos Mamut destrozaron las puertas y pulverizaron las barricadas.

Una ola de Orkos salvajes se extendió como un río de sangre en la ciudad santa, barriéndolo todo a su paso. Hasta que la primera oleada de Ciberjabalíes alcanzó los primeros peldaños de la Gran Basílica, los Salamandras no activaron la última de sus trampas. Entonces la ciudad ardió.

Miles de litros de prometió manaron de todos los canalones y gárgolas de las iglesias, bombeados desde depósitos de reserva bajo la ciudad, y ardieron cuando los bloques habitacionales saltaron por los aires por bombas incendiarias preparadas al efecto y por las propias baterías de defensa de la Basílica. La ciudad ardió y los Orkos ardieron con ella. Sus garrapatos, enloquecidos por el mar de llamas, perdieron el control, aplastaron a cientos y acabaron con cualquier resto de orden que quedara en las líneas pielesverdes.

A medida que arreciaba la tormenta de fuego, los templos y avenidas se colapsaban y los cielos se llenaban de ceniza, los Salamandras lanzaron su contraataque definitivo, luchando ahora en un campo de batalla infernal que para el Capítulo no era ni más ni menos que su propio hogar. Los Salamandras surgieron de las catacumbas y santuarios, sumando sus lanzallamas y armas de fusión a la conflagración.

Con ellos llegaron escuadras suicidas de fanáticos Redencionistas, cuyas túnicas pronto prendieron en el agobiante ambiente, cantando himnos hasta la muerte, con espadas y flagelos en sus manos. La matanza final llegó cuando los Dracos de Fuego descendieron de la oscuridad de los cielos. Los pilotos de las Thunderhawks y arietes de asalto de los Salamandras, entrenados en los cielos volcánicos de Nocturne, esquivaron con facilidad los escombros ardientes para desplegar la Compañía de Veteranos y que presentaran batalla en el infierno que se extendía a sus pies.

Rukrippa murió en el presbiterio de la Basílica. Algunos informes hablan de un Bibliotecario de los Salamandras portando una espada de fuego, mientras que otros relatos sostienen que la bestia murió a manos de la propia encarnación de San Toth. Sea cual fuere la verdad, cuando él murió, el ¡Waaagh! Murió con él. En las semanas subsiguientes, los restos dispersos de Orkos supervivientes fueron purgados de la faz de la tierra y los restos de los Pecios se convirtieron en anillos de escombros en órbita sobre el planeta.

Las nuevas de esta gran victoria se extendieron inmediatamente, y muy pronto “los Fuegos de Phaistos Osiris” formó parte de las leyendas del Imperio. Aunque la ciudad templo de Sanctis fue sacrificada para destruir a los Orkos, su Basílica se mantuvo en pie, con sus antaño blancas agujas ahora del color de la medianoche. En solemne gratitud por su intervención, los agradecidos cardenales y comandantes de Pahistos Osiris entregaron a los Salamandras un estandarte de batalla donde se podía apreciar la negra silueta de la Basílica de San Toth coronada por las llamas, tejido con la tela del santo sudario del Santo. El estandarte se conserva como una venerada reliquia del Capítulo hasta la fecha.

La Purga de las Lunas de Ymgarl [754-756.M41]

Con el advenimiento de la amenaza tiránida a la existencia del Imperio, se descubrió con sorpresa que la insidiosa amenaza Genestealer, que venía siendo una espina clavada en el costado del Imperio, se encontraba conectada en cierta forma con este nuevo peligro. Por edicto de los Altos Señores de Terra, se intensificaron al máximo las acciones contra cualquier supuesta infestación de Genestealers.

Como parte de esta campaña xenocida, los Salamandras recibieron la dura tarea de purgar para siempre a los Genestealers de las lunas de Ymgarl. Se trataba de un lugar donde estas perversas criaturas habían encontrado un refugio, y de donde antes se pensaba que eran originarios. Con la ayuda de los Magos Biologis del Adeptus Mechanicus, los Salamandras elaboraron un detallado plan de ataque, primero sacando de sus madrigueras a su presa, empleando para ello armas químicas especialmente autorizadas que quemaran la mayor parte de la atmósfera de las lunas y destruyeran las abundantes junglas que las cubrían, quitándoles así a su insidioso enemigo su base y sustento antes de proceder a limpiar los antiguos túneles que surcaban las superficies de las lunas.

Los Salamandras se adentraron en la oscuridad a bordo de vehículos de excavación Termita del Adeptus Mechanicus, con servidores de múltiples patas en labores de exploración en ese mundo subterráneo sin luz, purgando metódicamente los túneles. La variante de Genestealer de Ymgarl es una bestia terrible capaz de adaptarse a sus enemigos y con una fuerza física capaz de superar incluso a un Marine Espacial con facilidad. A medida que las oleadas de criaturas inhumanamente rápidas se estrellaban contra los Salamandras siseando en la oscuridad, la lucha se convirtió en una batalla contra un enemigo al que nadie salvo los Adeptus Astartes podían esperar enfrentarse y sobrevivir.

Los Salamandras lucharon cada vez a mayor profundidad, encontrando grandes y extrañas mutaciones ciegas con forma de gusano que brotaban de los túneles y enormemente poderosos líderes de progenie cuyas garras podían hacer trizas a un exterminador. Las bajas de los Marines Espaciales pronto empezaron a ser numerosas, pero los asaltos de esos seres de pesadilla fueron rechazados con tormentas de fuego o aplastados bajo los golpes de los martillos de trueno, y los Salamandras no desfallecieron a pesar de las desesperadas horas y terribles reveses. La campaña duró cerca de dos años de sangrientas peleas y muerte en la oscuridad, hasta que finalmente los Magos Biologis proclamaron el fin de la amenaza, aunque su oscuro legado viviría en las sombras de incontables bodegas de naves, oscuros pecios y mundos condenados.


DISPOSICIÓN EN LA GUERRA DE BADAB

La primera acción directa de los Salamandras en la Guerra de Badab tuvo lugar en 906.M41, aunque venían observando el desarrollo de los hechos del Cisma de Badab desde hacía años con creciente preocupación. Aunque Nocturne se encuentra a una distancia considerable de la Zona del Torbellino, no eran ajenos a sus conflictos, toda vez que se conocía desde antiguo el acceso al área a través de un portal de Disformidad estable en la región de las Estrellas Pálidas.

La reticencia del Capítulo a intervenir venía reforzada por el hecho de que Hermanos de Batalla de los Salamandras habían luchado junto con Garras Astrales y Halcones de Fuego en fechas recientes, en la Campaña de la Brecha Lycanthos, en la década de 810.M41, y al Capítulo le preocupaba el conflicto interno, rehusando intervenir en ningún bando a pesar de las peticiones abiertas tanto de los Garras Astrales como de los Halcones de Fuego en los primeros años del conflicto.

La situación permaneció así hasta que el Inquisidor Frain reunió pruebas suficientes de que el Capítulo de Huron había quebrado sus juramentos de fe, y los Salamandras se vieron obligados por su deber a intervenir. Desafortunadamente, en esas fechas gran parte del Capítulo se encontraba disperso en otros frentes, de modo que se constituyó una fuerza a toda prisa bajo el mando del Capitán de la mermada Segunda Compañía, Pellas Mir’san, quien debería desempeñar un papel vital en la guerra y su desenlace.

El núcleo de la fuerza estaba constituido por la Segunda Compañía de los Salamandras, que se había estado recuperando y rearmando en Nocturne tras una ardua campaña combatiendo a los Guerreros de Hierro en la Nebulosa de la Cabeza de la Muerte. Esta fuerza se vio reforzada posteriormente con elementos de reserva de la guarnición de Nocturne, así como con varios instructores veteranos y un grupo de treinta Dracos de Fuego que sirvieran como guardaespaldas de Mir’san. Se encontraban bien provistos en términos de naves, vehículos y armas de las bóvedas de Prometeo.

La unidad fe reforzada con una Hexíada de Ancianos: seis Dreadnoughts Venerables del Capítulo, algunos de los cuales no habían sido despertados para la batalla en más de cuatro siglos, y que ahora deberían servir con ira implacable y amplia sabiduría a la causa de Mir’san, pues tal era la importancia que el Capítulo quería dar a los pecados del Tirano. La fuerza de los Salamandras, aunque relativamente pequeña en número comparada con otros contingentes leales, se involucró plenamente a lo largo del conflicto hasta su finalización, tanto en batallas en el espacio como en la guerra en superficie, desempeñando papeles vitales en los acontecimientos más importantes de la Guerra de Badab, como el Incidente Angstrom, la invasión de Shaprias o la separación del Capítulo de los Ejecutores de la causa secesionista, tras los hechos de la “Hora Roja” y el asedio final sobre el propio Badab.

ANEXO: El Culto Prometeano.

Considerado en primer lugar como el conjunto de enseñanzas del poderoso y sabio Primarca Vulkan, el Culto Prometeano es un cuerpo doctrinal que informa y codifica el espíritu y cultura del Capítulo de los Salamandras, con la mayor parte de sus misterios preservados únicamente para conocimiento de la elite de los Dracos de Fuego. Compuesto por numerosas historias alegóricas y antiguos relatos de la venida del Emperador a Nocturne y la sabiduría de las luminarias del Capítulo recopiladas a lo largo de milenios, las enseñanzas del culto enfatizan la autoconfianza, la lealtad, el deber, la paciencia, el autosacrificio y, sobre todo, la disciplina y la perseverancia.

Desde una edad muy temprana estos valores son inculcados en los potenciales reclutas del Capítulo mediante un aprendizaje en una de las muchas forjas de Nocturne, y tanto el martillo como el fuego en cuanto destructor y creador son símbolos importantes con un profundo significado espiritual para ellos. Las destrezas desarrolladas en la forja y la tradición de la artesanía dentro del Capítulo son de una extraordinaria relevancia, y se espera de cada Marine Espacial de los Salamandras que sepa refinar y mantener su equipo con unos estándares que se considerarían sólo propios de los Tecnomarines en cualquier otro lugar, mientras que sus Señores de la Forja son capaces de logros artesanales tan sólo soñados salvo en eras pasadas.

La determinación implacable y la habilidad de perseverar en cualquier labor tienen la misma importancia en las enseñanzas del Culto Prometeano, y las pruebas de fuerza y resistencia, a menudo acompañadas de escarificaciones rituales, son comunes en su entrenamiento y en la marcha de su disciplina espiritual. Estas marcas y cicatrices también sirven como un registro sobre su piel de los logros y honores de batalla individuales de cada Hermano de Batalla de los Salamandras, teniendo un significado ritual dentro del culto la naturaleza y posición de estas heridas sagradas.